Los amantes pasajeros: El amor, ese no-lugar que nos arranca la pertenencia

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Los amantes pasajeros – Pedro Almodóvar (2013)

Un vuelo en avión, sin importar la duración o el destino, es el no-lugar por excelencia, una situación de tránsito, impersonal y completamente ajena a la realidad fija y terrestre de los que estamos aquí abajo.

De acuerdo a Marc Augé, un no-lugar es una circunstancia, que está definida por lo efímero, donde somos ajenos y donde no existe el arraigo, se trata de un “estar ahí”, pero no pertenecer.

Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar es, en el mejor de los sentidos,  el más trivial de sus filmes, porque sucede en un no-lugar y aún así es una obra desquiciada, frenética y salvaje.

Probablemente es una comedia Almodóvar que contrasta con las otras comedias de su historia. A diferente de las anteriores, está es mucho más desquiciada, irracional y superficial. Una comedia al más puro estilo mainstream.

A diferencia de otras joyas como Kika o Entre tinieblas, que son mucho más ácidas, críticas y agrestes, Los amantes pasajeros es tan digerible como un vuelo, es casi casi un mero trámite.

Aún así es bastante divertida y sólo eso se propone. Cada personaje es llevado a su límite, cada situación es melodramática, absurda, embriagada de alcohol y drogas. Quizás eso es lo que más le acerca al Almodóvar clásico, a todos esos momentos de farmacodependencia,.

El momento en el que los tres aeromozos rinden su interpretación de I’m so excited es el más álgido y exagerado de la película, y quizás es su clímax. Lástima que nos lo hayan quemado desde el tráiler, porque quizás así hubiera sido más enajenante.

Siempre he tenido un extraño fetiche por las películas sobre vuelos, quizás es una especie de terapia porque la sola idea de tomar un vuelo me atormenta y cuando lo hago, me somete a mucha ansiedad.

Los amantes pasajeros es mitad telenovela (a fin de cuentas el vuelo pretende llegar a la Ciudad de México desde Madrid) y mitad una obra de teatro filmada, pues prácticamente casi toda la película es contada en los breves espacios de un avión.

En cierta forma es un filme sofocante, pero placentero como un orgasmo inducido por sustancias.

Un elenco de ensamble en el que no hay un solo protagonista, el único factor común es que todos manejan altos niveles de intensidad en la sangre. Es como subidón de azúcar, porque claramente no es subidón al cielo.

La tripulación carga con una psíquica o suerte de nigromante, feromonas, inducidas, pasajeros que buscan huir de sus propios delitos, la muerte, mucho agarrón de bulto y unas cuantas culpas amarradas a alguien en tierra.

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