#RetrospectivaAlmodóvar vol. 18 La piel que hábito – El horror de perder el YO.

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La piel que habito pedro almodovar poster

La piel que habito – Pedro Almodóvar 2010

¿Es nuestro rostro lo más esencial del yo? Creo que es lo único que nos hace únicos, a pesar de que pueda haber rostros parecidos, es nuestro rostro una huella digital de lo que somos. Aunque no lo usemos con verdad, aunque no estemos satisfechos con el reflejo en el espejo, aunque creamos que nuestro verdadero yo se esconde debajo de la piel.

Nuestras expresiones son el plano físico de nuestras emociones y de nuestra historia como personas.

almodovar piel que habito

La piel que hábito, la única película donde Pedro Almodóvar se ha atrevido a acercarse al género de horror, aunque casi siempre en sus películas se esfuerza para mostrar los horrores de la humanidad o sus más bajas pasiones, pero siempre encuentra la manera de embellecerles.

La mansión del doctor Robert Ledgard (Antonio Banderas) está repleta de pinturas de mujeres desnudas, pero Vera Cruz (Elena Anaya) es su gran obra de arte, él la hizo, ha creado un ser humado indestructible por fuera, pero hecho pedazos por dentro, con la identidad aniquilada y con el yo hecho trizas, casi hasta desvanecerlo.

Como una obra alquimia y medicina monstruosa ha logrado crear piel artificial, que puede ser trasplantada y cambiar para siempre la historia de personas que han sufrido quemaduras. Es una piel tan resistente y sintética que es inmune hasta a la malaria.

la piel amlodovar 2

Es que el arte y la ciencia, a veces están sólo separados por una delgada línea, la de los pensamientos más macabros, atrevidos y que otros creerían imposibles.

La más infame secuencia de Kika (Almodóvar, 1993) se repite en La piel que habito. Esa violación pierde todo toque de comedia y farsa, para volverse más cruda, delirante, sin necesidad de ser tan aterradora.

La piel que habito es, como casi todas las películas masculinas de Almodóvar, y también en las que suele aparecer Antonio Banderas, todo un festín de venganza, que como en La ley del deseo o ¡Átame!, les corroe el desquicio y la pasión.

la piel allmodovar

La realidad es que Vera era Vicente, Vicente Cruz, hasta que un síndrome de Estocolmo y una cirugía que lo modificó centímetro a centímetro, lo degeneró en Vera.

¿Será que la más grande tortura es perder la identidad o aquello que uno ha tardado años para considerarlo un YO? En este caso, Vera es un verdadero cadáver exquisito, pero vivo perdiéndose en la locura de otro.

Vera intenta arrancarse la vida, para quitarle su juego enfermo al Dr. Ledgard. Pero sólo logra alimentar el ego de su captor, creador y dueño. Ahora él se siente más salvaje y como un dios.

Ella está abrumada, porque en su intento de suicidio, él ha regresado el microcosmos que ha creado. Sólo la meditación y practicar yoga le ayudan a no perder su verdadero yo. Sólo en su interior encuentra la libertad.

Su exterior no le corresponde y no le pertenece, toda la imagen mental de su yo ha quedado enterrada bajo piel artificial.

 

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