Made in Mexico: el privilegio de “no parecer mexicano”.

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Made in Mexico – Netflix – 2018

Made in Mexico es un reality show que supuestamente busca dar a conocer “la otra cara de México”, la que está lejos de la violencia en las calles, de la falta de oportunidades y en teoría, pretende dar un mensaje positivo sobre el país.

Nada más lejos de la realidad, este terrible programa muestra una cara de la que poco se habla: el persistente racismo en México.

Si de algo presumen los participantes de este reality es que “a pesar de que NO parezco mexicano, soy orgullosamente de México weeeee“. Para ellos, ser mexicano o parecerlo, de inmediato debe ser tener rasgos indígenas.

Insisten en el orgullo de haber nacido en este país, sin embargo en el trasfondo dicho orgullo viene de haber nacido en alguna familia privilegiada en este país.

El problema no son ellos, porque en realidad no pasan de ser un insípido grupo de treintones de hueva.

El asunto es que ese racismo es parte de la vida cotidiana, de algo que flota en la sociedad desde las clases bajas, se revuelca en la clase media y se regocija en las clases altas.

La realidad es que México es un país mestizo, donde a diferencia de otros países colonizados, aquí no se aniquilaron del todo a las poblaciones nativas, se les adoctrinó, se les puso a trabajar y se los cogieron.

Aquí, tener rasgos indígenas es sinónimo de distancia. Ser “morenito” es una condescendiente forma de decir que alguien es feo, inferior, poco deseable.

No es novedad que en la televisión o en la publicidad no se vean muchas personas de tez morena o que se importen rostros y estilos de vida que poco tienen que ver con nosotros.

Aún así el gran conflicto de Made in Mexico no es el contraste y la desigualdad social, su problema más grave, su verdadero pecado, es que es un programa aburridísimo.

Honestamente hasta Acapulco shore que es misógino, superficial y corriente, es más entretenido. Vaya, hasta la basura se separa.

Hemos visto montones de reality shows y series sobre gente rica, ejemplos sobran, pero si algo tienen otras emisiones es que sus protagonistas o tienen carisma y situaciones divertidas, o los terminas viendo porque los niños ricos son odiosos y verlos se vuelve como una adicción, como un sucio hábito, como comerte las uñas o sacarte los mocos.

Made in Mexico no es ni divertido ni odioso, es francamente desabrido. Hay más sabor y consistencia en un pedazo de tofu. Hay más entusiasmo en un museo de cera (cerrado y de noche) que en este grupete de socialités.

Su cualidad más notable, que es ser inmamablemente racista, ni siquiera es suya, es algo cotidiano, es algo que tenemos encarnado ahí porque todavía somos una sociedad de castas.

Si lo que buscaban era enaltecer a México al estilo “Rich kids of Instagram” y contarle al mundo que este también es un país cosmopolita, con gente bonita , y que en el fondo “esta gente bonita”, también es un ser humano que tiene emociones y una historia que contar, lo único que consiguieron es crear un show insaboro, inodoro e incoloro.

Eso sí, las tomas panorámicas hechas con drones son lo más relevante.

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