Razones para creer que MasterChef MX es nuestro reality favorito de la tele mexicana.

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Master Chef México 2015

El día de ayer terminó la primera edición de la versión mexicana de Master Chef y aunque no ganó la favorita de todos, la Hermana Flor, probablemente sea una de las pocas veces en las que la televisión mexicana abierta ha creado un producto de verdad interesante y bien hecho.

Quiero pensar que la franquicia lo exige, pero también pudo salir todo mal, quizás tenga que ver el hecho de que el show no sólo se transmitía en la televisión abierta sino también en televisión de paga, lo que probablemente exija que la producción deba tener valores adicionales y una calidad por encima de lo que estamos acostumbrados. Tv Azteca debe tener claro que si piensa adquirir nuevas franquicias de televisión tiene que respetar su formato y entregarlas al público tal y como fueron diseñadas, de lo contrario nos exponemos a nuevos bodrios.

en MasterChef MX pudimos ser testigos de un elenco bastante amplio y entretenido, pruebas gastronómicas que de lejos se veían deliciosas y mucha, mucha acción. ¿Qué más se puede pedir en este tipo de programas? Básicamente que estén bien editados para que la situación vaya fluyendo y sobre todo que muestren talentos verdaderos y no a un montón de improvisados.

Por el lado de los participantes MasterChef MX cuenta con un elenco bastante variado, que de eso se tratan este tipo de shows. Probablemente el acierto de TV Azteca haya sido considerar personas de diferentes estratos sociales, estados de la República y estilos de vida. Queda de manifiesto que es un show para señoras y de buenas costumbres, sin embargo esto no estorba a la narración y es coherente con el producto finalizado. La variedad de caracteres nos muestra diferencias culturales y hasta pretensiones gastronómicas, desde una tamalera y un lavaplatos con ganas de llegar más lejos hasta entusiastas que han hecho de la cocina un estilo de vida.

Mención especial merece la ahora muy famosa Hermana Flor, probablemente el personaje favorito de todo mundo. Lo padre no es sólo porque sea una monja que cocina, la Hermana Flor siempre se mostró dispuesta a ser parte del espectáculo, con su carácter apaciguado y sus chistines ocasionales, no había manera de no amarla. Sus ahora famosas salsas son codiciadas por todo mundo y en la final nos fuimos enterando que la monjita no es una religiosa cualquiera, es la madre superiora de su orden.  Su personalidad, carisma e historia nos hicieron amarla en cada capítulo. Ahora creo que si existen los productores inteligentes no tardarán en darle su segmento de cocina en algún programa o incluso arrancarla de TV Azteca y llevarla a la televisión de cable.

Los jueces nunca fueron un lugar común (ya sabes, la tríada típica de reality show: la juez buena onda, el juez que sabe mucho y el juez cruel), en MasterChef MX los tres jugaban los tres roles, a veces los tres eran demasiado crueles y en otras ocasiones bastante blandos (la verdad es que probablemente eran muy tibios con la Hermana Flor). Debo decir que básicamente no sé nada de gastronomía, por lo que no me atrevo a decir si alguien merecía más el premio que Alan el ganador, pero si este hubiera sido un concurso de carisma o el público hubiera tenido la oportunidad de elegir al ganador, seguramente la monja hubiera sido más coronada que la misma Sor Juana.

Sobre Alan, el chef ganador, un lavaplatos con sueños muy altos demostró en cada una de las competencias que su misión era ganar y en palabras de los jueces,lo suyo es un talento nato para la cocina que nació a partir de la intuición. Probablemente nunca fue mi favorito, sobre todo por su personalidad un tanto pedante y a la defensiva; aún así complementa perfectamente el elenco, porque si algo amamos de los reality shows es el lío entre los participantes, pero lo importante es que ese lío sea parte de la competencia y no parte de la historia, si sólo escuchamos gritos de odio como en Big Brother cansa, pero en el caso de MasterChef MX alimenta la competencia y la hace más emocionante.

Lo que no me gustó del show: básicamente sólo detesto al equipo de ventas de Tv Azteca, para mi gusto existieron demasiadas inserciones comerciales; sé que la televisión abierta pasa por una crisis y que los anunciantes son los únicos que pueden inyectar capital a un proyecto, pero en este caso, como si me gustó el show, me estorbaron de sobremanera tantos comerciales internos. Quizás la culpa no sea de la producción del programa, sino de las políticas de compra-venta de espacios, los cuales me hacen creer le restan elegancia a la producción y me hacen bastante ruido.

Creo que lo importante en este tipo de producciones es respetar la franquicia, hacerle los menores cambios al formato y no pretender exagerar con las situaciones o ganarse al público a base de montajes mal hechos o discusiones falsas. Por otra parte, es hora de aceptar que este tipo de formatos funcionan mucho mejor con sólo un programa a la semana, sin necesidad de votaciones carísimas al 01 900, y con un elenco variado, que no tenga necesidades de fama sino que realmente quiera ser parte de la competencia.

MasterChef MX nos da un poco de esperanza de que la tele abierta todavía puede hacer producciones decentes sin necesidad de chichis y pelos (me encantan las chichis y pelos, pero en los momentos y lugares adecuados) y sobre todo nos enseña que los reality shows de competencias son un formato emocionante y que todavía da para mucho más. Ojalá no lo arruinen.

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