Maps to the stars: I (Cronenberg) You.

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Maps to the stars (2014)

También llamada: Mapa a las estrellas, Polvo de estrellas.

Todo parece indicar que ya podemos confirmar que David Cronenberg tiene un fetiche con Robert Pattinson en limusina, desde su película anterior, Cosmopolis (2012) y hasta su más reciente filme, Maps to the stars, ese curioso elemento se repite y en esta ocasión, Cronenberg nos muestra lo que parece una sátira sobre la frivolidad del estilo de vida de los ricos y famosos de Hollywood y nos adentra a un mundo excesivamente pedante y exuberante de putrefacción humana.

En medio de un ensamble de personajes que representan un pequeño muestreo de la realidad del mundo del espectáculo: desde una estrella juvenil del cine de franquicias, pasando por una actriz ansiosa de un regreso a la escena y un reconocimiento como actriz, hasta el pobre aspirante a extra. Vemos una obsesión por terapias sofisticadas y absurdas, con los que los personajes intentan luchas contra sus demonios, son todos enfermizos y perversos, tan enfermos como su necesidad de mantener una imagen de perfección, limpieza y éxito. Es un mundo donde lo humano se pierde, donde no existen las decisiones y el mercado de cambio usa y abusa del cuerpo de los actores en favor de franquicias y de una industria a la que sólo le importa el bienestar de sus inversores.

Maps to the Stars

Cronenberg se lanza contra un presente sobresaturado por las las celebridades y sus viciosas personalidades. Hace parecer a medios como TMZ e E! Entertainment como lo que realmente son: carnicerías humanas, donde los defectos y las adicciones sirven para alimentar el ego del público, les hace ver que esa dichosa perfección y esa dicha del supuesto éxito en realidad sólo hunden a sus víctimas para disfrute de las masas. El drama se permite guiños de humor ácido: Carrie Fisher hace un cameo que parece más una escena documental y casual de su encuentro con otra actriz olvidada, interpretada por la recién ganadora del Óscar, Julianne Moore; incluso aprovecha para mencionar nombres reales a modo de gag y para dar esa sensación de presente y realidad: Demi Lovato, Nicole Kidman u Oprah son sólo algunas de las mencionadas.

Por otra parte la cinta es un vehículo para hablar de otro tema, la superficialidad del mundo de las estrellas es sólo una tapa: que en este caso sólo sirve para ocultar historias de incesto, de actos enfermos y de manías peligrosas. Los actores y sus familias son sólo representados como parte de ese entremado de pasados prohibidos, donde la violencia ocupa un lugar esencial. Mientras, Hollywood es retratado como un paisaje que brilla porque está podrido a un nivel sumamente excesivo y morboso, de alcances rituales y espirituales por tanta oscuridad. La razón y los dejos de humanidad son suplantados por una esquizofrenia que viene de los traumas personales.

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David Cronenberg tiene ya bastante consolidad su tono de voz para hacer una crítica a la obsesión mediática y a sus personalidades, se vuelca contra ella y toma acciones burlándose en su cara: utilizando a sus propios actores y premios para golpearlos descaradamente con un relato en forma de amalgama y con un tono bastante ácido y salvaje, pero sobre todo increíblemente macabro.

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