Power & Control

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Puedo sentir un placer enorme si estoy controlando a un hombre con sus pezones, si tengo a mis pies a un macho enorme y peludo pidiéndome que lo someta. Me gusta cuando estamos jugando al poder, cuando todos estamos de acuerdo con las posiciones que estamos jugando; asumiendo que está en todas partes y que, aunque seas una potra indomable (pero que no le gusta dormir a solas) como yo, no le pertenecemos a nadie.

Hay otra forma de poder que me aburre y me irrita demasiado, la de los idiotas que tienen el poder en sus manos, y como dice mi papá (y seguro lo vio por ahí) “no discutas con un idiota, ellos tienen más experiencia que tú en ese rubro y nunca podrás superarlos”. Puta triste realidad. Da mucha tristeza que están en todas partes, la pandemia zombie es una realidad. Yay!

Parece una broma tratar de escabullirse entre ellos todos los días para conseguir algo de alimento, cualquier cosa. No necesitas ver cosas tan aburridas como The Walking Dead para enterarte. Lo triste es ver cuando muerden a uno de los que quieres y los ves perdidos. Lo doloroso es que incluso en este fin del mundo uno no puede renunciar a sus vicios. La crueldad del zombie es implacable y cada vez pierden más contacto con sus reflejos humanos, son incapaces de conducirse en los espacios.

Hoy, por la tarde cuando volvía del trabajo, en la hora pico de la línea de metro que menos me ha gustado en la vida, una mujer de circunferencias bastante prominentes, ataviada con botas a juego con la falda vieja, un suéter mullido y una blusa toda estirada, cargaba sus bolsas de almacén (era evidente que necesitaba ropa nueva, no la culpo) incapaz de subirse al vagón por su tamaño y el de sus bolsas, una zombie a reventar y más allá. No tienen límites. Ella estaba muy contenta.

¿Por qué solo matas a un zombie si destruyes su cerebro? Y no es porque ahí “esté el virus”. Es una metáfora.

Nunca confíes en un zombie. Menos cuando están al mando, menos cuando aún tienen poder, dinero, a tu familia secuestrada o tu corazón, encuentra tu oportunidad para escabullirte entre ellos. Ellos huelen el miedo, como los perros.

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