Alquimia estomacal.

alchema

Todo el poder del universo, ¿de qué te sirve eso cuando estás estreñido? No me mires así como con cara de “¿Qué pedo con este pendejo?”, mejor pedimos otra chela y te explico: desde chico yo quería comerme el mundo a bocados; mientras que otros morritos soñaban con ser bomberos o astronautas, yo jugaba a ser como el dragón de la película de “Fantasía”, ¿te acuerdas? Me imaginaba rostizando a los héroes tontos de la película con mi aliento, para después paladearlos con mis papilas de monstruo gourmet. Ya sabes, son de esos sueños que olvidas con la edad.   ¿Y por qué te decía eso? Bueno no importa, el chiste es que hace un par de noches, llegaron unos compas de la cuadra y nos fuimos a ponernos la jarra de cada semana. Total que llegando al barecillo con ellos que me topo a mi ex. ¡Imagínate cómo me puse después de ver a la pinche zorrita en los brazos de su nuevo y esbelto “príncipe azul”! Obvio, la noche acabó siendo una borrachera de campeonato.   Después de la quinta jarra de cerveza, el otro par de hojaldras me dejó a mi suerte en el barecillo. Para cuando salí iba tambaleándome y sentí un monchis criminal. ¿Para qué te miento? La verdad se me hizo fácil pasar por unas garnachas al parque.   ¿Si las topas, no? Esas del toldo naranja con la señora de brazos gelatinosos que te hipnotizan mientras prepara la masa; para qué te miento, la neta siempre sospeché que había algo radiactivo en esas garnachas. Pero cuando te llega el hambre, el sentido común desaparece; en ese momento lo único que mi cerebro percibía era ese delicioso el olor a guisado de puerco que te entra por la nariz y se menea en tu lengua hasta que estás salivando y no puedes resistirte. Y la salsa ¡ufff la salsa es lo mejor!, el sabor de los chiles asados con no sé qué especias y su ajo… chale, de sólo acordarme ya me dio hambre otra vez.   Junté todo lo que tenía y le dije a la seño: “Oiga doña, la mera verdad usted me conoce bien ¿no? Mire es que ando medio erizo, le juro por esta que le pago en cuanto pueda, pero déjeme llevar unas 2 garnachitas y unas papas fritas”. Todavía me acuerdo de los ojos de pistola que puso la doña, así como la vez de chaparrita y platicadora, sentí que me iba a agarrar a putazos, pero de repente le cambió la cara y que me dice “Órale pues, pero si no me las pagas mañana güerito, no te la vas a acabar…”, después de esa amenaza, sentí que me iba a dar culpa o alguna pendejada así, por eso mejor le pedí una bolsa de papel estraza y me llevé todo a casa para poder atascarme a gusto.   Del parque a la casa tuve uno de esos apagones mentales bien chingones, porque lo siguiente que recuerdo es que estaba pasando por el zaguán negro de metal, del pinche sonidito eléctrico que hace el foco de la cocina cuando lo enciendes y se ilumina todo en flashazos, pero sobre todo de las manchas de grasa en el papel que se transparentaba con puro sabor.   Ya para entonces mis tripas exigían un sacrificio bañado en grasa, así que decidí asaltar la cocina: primero fui por la crema, pero el bote de medio litro no me duró ni para el arranque, así que me puse creativo y empecé a destapar las latas de atún, las sardinas, bueno hasta vegetales le metí… dulce, salado, ácido, amargo, todo lo que encontré a mi alcance formó parte de esa abominación que se escurría entre mis manos.   Para cuando había terminado con el ritual de preparación, un severo gruñido en la panza me hizo darme cuenta de que se me había ido el tiempo, ya todo estaba bien piche frío y lo peor de todo: yo ya me estaba poniendo sobrio. Cuando comencé a creer que todo estaba perdido, que volteo a la izquierda y allí estaba la respuesta: ¡El micro! Sonreí y puse a calentar mi monsrtuoantojo. Le piqué 3:33 y fui a hacerme pendejo frente a la tele.   Desde el sillón cubierto de plástico alcancé a ver unos truenos, ¡En la madre, se me habían olvidado los cubiertos dentro del horno! Me paré lo más rápido que pude, pero me tropecé con el mueble y para cuando pude pararme y llegar a la cocina sólo escuche el “¡pit, pit, pit!” del horno. Y entre que me valió verga y entre el hambre que traía, pues le entré con todo.   Total, a la mañana siguiente amanecí con la peor sensación que existe en el mundo: crudo y estreñido. Ah pero como yo ya me las Sabritas, empecé a probar uno a uno todos los remedios: que el Pepto, que la fibra, que un licuado de papaya, que la chingada… ya traía tanto menjurje dentro que literal comenzaron a escurrir por mi boca porque ya no quedaba más espacio entre mis tripas.   ¿Nunca te ha pasado eso? Pues a mí tampoco y ya me estaba paniqueando, así que decidí buscar en Google a ver qué pedo. Pues entre tanta chingadera, no sé por qué, pero me llamó la atención un resultado, según era el mejor remedio para desempachar a los cachorritos de San Bernardo, pero a esas alturas que te quieres tirar un pedo y ni eso puedes, casi cualquier pendejada suena como la idea del siglo. Las letras azules brillaban en el monitor: “Busca la entrada del ano y dale un ligero estímulo, un masaje”. Pensé que podría poner música suave, o usar veladoras para relajarme, hasta que un calambre me ayudó a dejar de pensar joterías y puse manos a la obra en la labor de minería entre mis nalgas.   Seguro alguien acababa de usar la ducha, pues el baño aún estaba lleno de vapor, el aire era denso y con sabor a shampoo. El piso que seguía húmedo y tibio se sentía extrañamente reconfortante; levanté la tapa del retrete, una vieja pieza de porcelana amarillenta que con todo y las rajaduras del tanque parchadas con cera, había aguantado en esa casa desde que yo tenía memoria.   Otro calambre entre las tripas, estirando en inflando más mi panza, empecé a sentir que sudaba frío, así que no tenía tiempo para arrepentirme. Me bajé los pantalones como los hombrecitos, agarré una crema del tocador y me embadurné el brazo hasta el codo, por si las dudas. Respiré profundo y lentamente introduje un dedo.   Según yo había visto suficientes pelis porno como para saber qué hacía, así que empecé a mover el dedo en círculos, cuidando de que no lo empezara a disfrutar, no se me fuera a hacer costumbre. Y pues ahí estaba yo con un dedo en el abismo, cuando de repente sentí un piquetazo, como cuando te pinchan con una aguja y en ese momento sentí pánico cuando saqué mi dedo y estaba sangrando.   Seguro ni te tengo que decir que me puse pálido del susto, y pensé luego luego “¿Seré tan pendejo como para tragarme un cuchillo?”. Puta madre, para qué pregunto si sé que sí. ¿Y ahora? No creo que puedas llegar al hospital y decir: “Señorita pro favor una cita con el Doctor que saca los cuchillos de la cola”, seguro se imaginan que andaba haciendo quién sabe qué cochinadas y me pasó esto…   Me puse un curita en la mano para detener la sangre y agarré el espejo que mi tía usa para rasurarse de a bikini brasileño. Pujaba y movía el espejo y después de un buen número de posiciones, ¡por fin veía algo!, y era ¿la punta de un cristal? De golpe me acordé que en la escuela nos habían dicho que con suficiente calor y presión un trozo de carbón se podía transformar en un diamante y entonces pensé que con todos los pujidos que había invertido para sacar esa cena asesina, seguro tenía una gema en el ojete.   Me veía de la chingada. Sudoroso, con ojeras, la piel pálida, con las venas azules y palpitantes, fuera lo que fuera, no me podía echar para atrás si no sacaba eso de mi culo podría morirme. Usando todo el valor que me quedaba jalé como si mi vida dependiera de ello… ¿Alguna vez te han tumbado un diente sin anestesia? Pues más o menos así fue el dolor que sentí, yo tiraba y tiraba, hasta que de repente escuché un sonido como cuando rompes un trozo de apio y sentí como un líquido caliente se escurría entre mis dedos… y ¡ahhhhhh una sensación de alivio! Cada segundo mi barriga se desinflaba mientras aquel monstruo que había devorado escapaba a las profundidades del inodoro. Cerré los ojos relajado y agradeciéndole al Dios de porcelana por ayudarme a que todo saliera bien.   Pero esa sensación no me duró mucho, de la nada vi como el día se empezaba a poner nublado detrás de los cristales empañados del baño, los ruidos de la calle se apagaban y todo se quedó obscuro, el contenido de mis tripas seguía vaciándose y en eso sentí como si un relámpago me atravesara. Te lo juro, sentí como si mi mano subiera sola y vi una luz. Frente a mi brillaba una piedra de color rojizo que parecía estar viva, podía sentir sus latidos ente mis dedos, ¡pom, pom, pom pom!, sentí como si ese sonido atravesara mi cráneo, mi vista retumbaba al ritmo de los latidos. El mundo se ponía lento, era como si todo fuera quedándose en silencio, los colores se desvanecían poco a poco y lo único que brillaba y se movía era el cristal entre mis manos, que palpitaba como un corazón mientras que las letras “Solve et coagula” aparecieron en el cristal como una luz, la única luz que había en el mundo en ese momento, y lentamente la luz del cristal se volvía rojiza, con las letras entrelazándose en millones de repeticiones que parecían una especie de venas cubriendo al cristal. No sé por qué, pero la repetí en voz alta, la voz me temblaba y escuchaba cada letra salir de mi boca con eco, repitiéndose como cuando estás pacheco. “Solve et coagula”… ¡Boom! Las palabras golpearon mi cabeza y de la nada el conocimiento de todo el universo pasó por mi cerebro. ¡Te lo juro!   Todo, absolutamente todo fue claro entonces… Fue así como si estuviera sentado en una enorme sala de cine de esas antiguas, y corrieron las cortinas, entonces pude verlo todo, de dónde venimos, a dónde vamos, todo lo que pasaba en ese momento en el mundo entero y lo que habría de pasar en el futuro, en todo el universo… y antes de que pudiera respirar de nuevo, la gema se hizo añicos entre mis dedos dejándome la mano llena de un polvo rojizo que se evaporó en unos instantes.   Poco a poco la luz del día volvió, todo regresaba a la normalidad y hasta pensé que lo había soñado, tenía sentido pensar que de tanto pujar me había desmayado y tuve un malviaje con el olor rancio del baño, pero en eso voltee a bajarle al agua para que no se tapara, vi que mi modesto retrete ahora era una estatua de oro, tenía la forma de un dragón que estaba con su estómago hacia arriba y con la cola enroscada sobre su boca, en el círculo que formaba esta figura había una especie de pecera de cristal transparente con 4 palomas esmeriladas en el vidrio que parecían salir del dragón. De un lado había un sol y del otro una luna y todo se unía de nuevo con oro a través de las raíces de un árbol que tenía una corona, como esas que ves en los museos. Lo más extraño es que había el árbol tenía 7 joyas incrustadas alrededor del tronco y habían aparecido muchos rayones raros en el piso, formados en círculos cuyo centro era el retrete.   Sí, que yo te digo que me pasó todo eso. La neta el retrete no lo vendo porque no puedo, ya sabes toda mi familia lo usa y dicen que es “uno de esos milagritos de Dios”, y claro porque ahora cobran por pasar a la casa y echarte una rezadita en nuestro baño. Y claro que cuando se corrió la voz de que pasó eso y ahora ya tenía una buena lana, la primera que fue a verme fue la zorra de mi ex, me dijo que se había dado cuenta de que lo nuestro sí era amor y una bola de pendejadas para tratar de convencerme. Puse la mejor cara que pude y le dije que sí, pero con una condición: tenía que besarme la panza sensualmente, y con la punta de la lengua limpiarme la pelusa del ombligo. ¿Qué te digo? Estaba encabronado y de verdad que fue divertido verla intentarlo… cuando nos morimos recordamos las mejores partes de nuestras vidas y yo espero poder ver su cara de nuevo en cámara lenta, llorando mientras ella intentaba meter su lengua en mi ombligo mientras yo me echaba un helado de chocolate. Ella me vomitó, yo la vomité, ella lloró y yo… pues aquí ando, ¿no?   ¿Qué por qué no repito el experimento para algo más productivo? Déjame decirte un secreto que nadie más sabe: Ni todo el oro del mundo, ni la vida eterna, ni todo el conocimiento que pueda existir vale la pena si tienes que pujar un milagro a través de tu culo. alchemical_woodcut__border_and_heraldry_by_dashinvaine-d62hyf7  

 

Disclamer: Las imágenes usadas en el texto son propiedad de ashinvaine. Si les gustó su trabajo pueden ver más en: http://dashinvaine.deviantart.com/

Un comentario en “Alquimia estomacal.

  1. Hola Estefanía, te agradezco que tomaras algo de tiempo para mandar tu crítica. Sólo me quedé intrigado por lo que decías respecto a la redacción, pues me gustaría saber qué elementos te parecieron espantosos. Sé que cada crítica ayuda a construir, así que te agradecería si me pudieras retroalimentar con tu opinión. Saludos.
    Atte: Pitacoatl

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